La Depresión del Guadalquivir a su paso por Huelva esconde un subsuelo de arenas, limos y arcillas que cambia en pocos metros; los aluviones del Odiel y el Tinto complican cualquier campaña geotécnica que se base solo en sondeos puntuales. Aquí es donde la tomografía sísmica de refracción y reflexión marca la diferencia: tendemos líneas de geófonos, golpeamos con maza o usamos fuente sísmica y leemos cómo viajan las ondas P y S para armar una imagen continua del subsuelo. En obra civil y edificación onubense, este método resuelve la variabilidad lateral que los ensayos mecánicos no alcanzan a cubrir. En la plaza Houston o en el ensanche del Conquero, por ejemplo, la campaña sísmica permitió localizar contactos entre las arenas basales y los limos de marisma antes de mover un solo metro cúbico de tierra.
La tomografía sísmica levanta la geometría del subsuelo onubense con resolución métrica, justo lo que necesitas cuando el terreno cambia en una esquina.
