La batería de tamices ASTM E11 que utilizamos en Huelva cubre desde la malla 4 (4.75 mm) hasta la malla 200 (75 µm), y el hidrómetro 152H se calibra en nuestro laboratorio cada tres meses con el agua característica del Andévalo, que suele tener una dureza media. El procedimiento arranca con una muestra seca de 500 gramos que lavamos sobre el tamiz 200 para separar finos de gruesos; la fracción retenida pasa por la columna de tamices en el Ro-Tap durante 15 minutos. El material que atraviesa la malla 200 se analiza con hidrómetro, aplicando el factor de corrección por menisco y temperatura que exige la norma ASTM D422-63(2007) — aquí en el sur, en agosto, la temperatura del agua destilada suele rondar los 28 °C y hay que ajustar la lectura. Trabajar con suelos de la marisma y de las terrazas del Guadiana nos ha enseñado que saltarse el defloculante (hexametafosfato de sodio) arruina la curva granulométrica en limos arcillosos, porque las partículas floculan y el hidrómetro marca diámetros falsos. Para proyectos que requieran conocer la consistencia del material fino, complementamos con los ensayos de límites de Atterberg cuando la fracción bajo malla 40 supera el 30 %.
Un D10 mal calculado por ahorrarse el hidrómetro puede sobredimensionar un filtro de drenaje en suelos limosos de la marisma onubense.
