El suroeste ibérico castiga los firmes con una combinación poco común: largos periodos de sequía seguidos de lluvias torrenciales. En Huelva, donde las marismas del Odiel y la influencia atlántica definen el subsuelo, dimensionar un paquete estructural sin datos reales de capacidad portante es un riesgo técnico que ningún proyectista debería asumir. El ensayo CBR (California Bearing Ratio) mide directamente la resistencia al punzonamiento del suelo compactado, y en nuestra experiencia trabajando en la provincia onubense, marca la diferencia entre un pavimento que dura dos décadas y otro que fisura en tres temporadas. La humedad natural de los materiales en zonas como Aljaraque o Gibraleón, sumada a la presencia de limos arenosos, obliga a verificar siempre la compactación alcanzada antes de liberar la explanada. Por eso, antes de extender la primera capa de zahorra, conviene apoyarse en un ensayo Proctor para fijar la densidad de referencia y compararla con el CBR in situ.
En Huelva, un CBR de laboratorio sin correlación con la humedad de compactación real puede sobrestimar la capacidad portante hasta en un 30%.
