Huelva, con 142 000 habitantes y una altitud media de apenas 54 metros sobre el nivel del mar, se asienta sobre el estuario del Odiel y el Tinto, donde los depósitos cuaternarios de arenas finas y limos dominan la litología superficial. La sismicidad histórica de la región —el terremoto de 1969 al suroeste del Cabo de San Vicente despertó muchas alarmas— recuerda que el suroeste ibérico no está exento de solicitaciones sísmicas medias. Cuando un estrato arenoso saturado pierde resistencia bajo carga cíclica, el comportamiento del terreno cambia por completo y las cimentaciones superficiales pueden fallar de manera súbita. Por eso el análisis de licuefacción de suelos en Huelva exige correlaciones de campo con ensayos SPT ejecutados in situ y una interpretación rigurosa de la estratigrafía local, porque la proximidad a las marismas multiplica el riesgo de encontrar niveles susceptibles entre 2 y 15 metros de profundidad.
Un factor de seguridad inferior a 1,1 en arenas sueltas con nivel freático alto obliga a rediseñar la cimentación antes de mover un solo metro cúbico de tierra.
